soldd

SALUDO A LOS HÉROES DE PUNTA PEUCO

captura de pantalla 2025 10 08 a la(s) 10.47.00 p.m. Santiago, 21 de diciembre de 2025

Mis queridos viejos y viejas, siguiendo con la tradición de todos los años, he querido enviarles un

afectuoso saludo navideño, pero con una especial significancia dado lo difíciles momentos que están

viviendo. Es por eso que más allá de su dimensión religiosa, la Natividad nos invita nuevamente a

profundizar sobre el sentido de nuestra humanidad, y de cómo los valores inherentes a la misma

se expresan en el caso de ustedes. La solidaridad, entendida como la capacidad de identificarnos con

las necesidades del otro, simplemente no ha existido. Ni mucho menos la reconciliación a través del

perdón, y que, de acuerdo a Hannah Arendt, representa la única forma de acción que rompe el ciclo

interminable de venganza y resentimiento, creando la posibilidad de un nuevo comienzo (Arendt, 1958,

La condición humana). Porque el perdón no es debilidad, sino fortaleza moral.

Por último, está la compasión, entendida como sufrir por el otro, y que nos remonta a lo más

sagrado que tiene el hombre: su dignidad, porque estas fiestas nos recuerdan que la encarnación de Dios

en Jesús (lo humano) diviniza la humanidad, convirtiéndola en un fin en

sí misma y no solo un medio. Por desgracia, tampoco ha existido compasión.

Sin duda que no es esta la Navidad que me hubiese gustado para ustedes.

El año ha sido muy duro, y han vivido en carne propia el límite superior del maltrato estatal, que ya no

tiene vergüenza ni perdón por todo el mal que les ha causado, acrecentándose este dolor durante el

último tiempo gracias a las medidas arbitrarias e ilegales que han sido adoptadas por ese mismo Estado

indolente, y que son utilizadas como armas para colmar un odio infinito de una parte de sus

operadores, más aun, ahora, cuando las urnas han hablado fuerte y claro, y le han dado la espalda a

ese sueño revolucionario de la ultraizquierda.

Mis valientes patriotas, no quiero parecer agorera en estos momentos tan especiales e íntimos, de

reflexión y encuentro con los seres queridos, pero ustedes me conocen y saben que no voy con medias

tintas. Hay mucho que esperar, pero probablemente, poco que materializar. Es cierto, hay motivos para

creer, aunque ahora mismo cueste verlos. Y es evidente que esta miopía parece ser una sabia consejera

de la razón, porque finalmente sabemos que las presiones y la inevitable transaca política

probablemente hará que los añorados sueños de libertad sean sólo para algunos, pero no para todos. Los

que queden, serán los chivos expiatorios de un sistema de justicia fracasado. Para mí, nuevos héroes que

nuestra historia sabrá reconocer y cuyos nombres serán recordados con orgullo y pasión.

Mis viejos y viejas queridas, les pido que no olviden que la magia de la navidad está en el aire, y solo

eso necesitan ustedes para celebrar, porque no importa lo que hay debajo del árbol, sino quien está

reunido a su alrededor.

Podrán quitarles sus cosas, destruir y alterar lo que habían transformado en su hogar, intentar

doblegarlos para quebrarlos emocionalmente empeorando sus condiciones carcelarias, pero no podrán

jamás privarlos de ese aire que alimenta ese espíritu noble que ustedes tienen, fuerte y resiliente, y

que los mantiene unidos, con la frente en alto y el honor intacto ante la adversidad.

Yo por mi parte, tengo puesta la mano en el arado y no pienso mirar hacia atrás. Mi objetivo lo conocen

y saben que guía mi camino. La injusticia para mí, es intolerable. Lo quiera o no, ese es mi hado. Por

eso, no me detendré ante las piedras de la traición ni los surcos de la hipocresía que pretendan desviar

mi senda, porque La viña es del Señor, no nuestra. Y Dios espera los frutos de su viña de aquellos que

ha enviado a trabajar en ella (Mateo, 21:33-43). Por lo demás, los lobos con piel de oveja que hoy

pululan frente a ustedes, sucumben ante la parábola que dice Por sus frutos los conoceréis (Mateo,

7:16-20).Ustedes, mis viejos y viejas, esta noche de Navidad y Año Nuevo, estarán presentes en mi corazón;

pero saben que para mí eso no basta, por eso les pido que no olviden jamás que mi mente es el puente

hacia el cumplimiento de un designio mayor, y mi voluntad, es el motor para cumplirlo. Tengan por

seguro que mientras me acompañe la salud, la flecha de mi destino seguirá su camino.

Reciban un fuerte abrazo,

Carla Fernández Montero

Abogada

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *