AMOR DEL BUENO

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Nuestro amado país, Chilito para los criollos, Chile para los solemnes, terruño amado

para los poetas, Patria del lejano rincón para los literatos, cubierta por el blanco azul y

rojo con su estrella solitaria, a veces confundida con el mundo entero por sus diversos

paisajes, climas y formas. Así es la tierra que nos acogió al nacer y TODOS SUS DONES

NOS PARECEN TAN OBVIOS; pero cuando viajamos, cuando estamos lejos de ella, la

extrañamos, sus aires, aromas y sabores.

Sobre esa diversidad magnífica de colores terrenales surgimos los chilenos, hijos de un

mestizaje temprano, en los albores del tiempo, cuando migrantes indígenas y castellanos

decidieron asentarse en sus confines y crearon la estirpe de aperrados que nos

caracteriza.

Ambiente telúrico, tempestuoso, tierra de catástrofes naturales que nos recuerda de

tiempo en tiempo que sólo estamos de paso por estos pagos. Aquí se compusieron versos,

canciones y leyes; aquí nacieron formas de convivir, costumbres cotidianas, formas de

amar y nacieron nuevas gentes: los chilenos, nuestros antepasados quienes, con el tiempo,

recibieron a otros tantos que venían desde más allá del mar para contribuir con su talento,

su espíritu y su voluntad.

Pasó el tiempo y quienes antaño obedecían al rey, prefirieron la república y acogieron la

democracia como forma de preguntarle a las personas, sobre cómo gobernarse, decidir y

progresar.

Nacieron instituciones, se formaron corrientes de opinión y pensamiento, se definieron

símbolos patrios y rituales de homenaje a héroes y notables. Nacieron las Fuerzas

Armadas, las Universidades, los poderes públicos, las organizaciones sociales, también

las industrias, el comercio y la explotación minera y agrícola, el mar nos dio y nos sigue

dando sustento a través de miles de kilómetros de costa.

Paisaje accidentado, difícil, duras rocas que aprendimos a vencer para hacer caminos,

ferrocarriles, puentes y ciudades. Aprendimos a discutir con fiereza y a veces llegamos a

las manos en acalorados debates, pero seguíamos siendo, estando Y CONVIVIENDO.

De pronto hubo momentos que, cual nudos ciegos debían ser desatados a la fuerza para

impedir que se ahogara la República, momentos graves y otros alegres, festivos y algunas

veces angustiosos cuando fuerzas extranjeras amenazaron invadir nuestro suelo bendito.

Los peligros actuales son tal vez de otro aspecto que los anteriores de la Historia, ahora

son más difusos, cubiertos con disfraces y etiquetas de supuesto progresismo, de modas,

de vanguardias culturales o entrelazados con música que pudiera no serlo;los mensajes de chat y la comunicación portátil han modificado las capacidades de

divulgar y difundir ideas, no siempre comprobables; es parte del progreso que nos

ofrece la modernidad como un fenómeno imparable; tal vez algo hay allí, pero las

personas pueden y deben proponerse momentos de reflexión, sobre todo junto a niños y

jóvenes, para entender, con ellos, que la vida cívica la realizamos entre todos, que la

democracia es una bella

planta que debe ser cuidada, regada y abonada cada día, que las libertades, derechos y

obligaciones no son gratuitas, que deben ser mantenidas y defendidas a veces con energía

porque en su tiempo costaron vidas y sangre de nuestros antecesores.

Cuando entendemos que el Ser, el Bien y la Verdad son principios y valores irreductibles

para entender nuestras formas de ser, pensar, sentir y actuar, -constituyentes de la cultura

nacional-, habremos dado un pequeño paso hacia la verdadera civilización, aquella que

nos definirá como mejores personas, padres, abuelos, hijos y nietos que, en esta tierra

magnífica, prevalecerán porque hay y seguirán surgiendo, razones para vivir y construir

lo que los antepasados soñaron: un país estable, organizado y fuerte, protegido por la

voluntad de sus habitantes y la vigencia de sus leyes.

Si aquello no ocurriese, crujirán algunos muros, pero seguiremos adelante, Chile está

primero. Siempre.

En nuestras manos está difundir y hacer justicia a la obra de tantos que lo construyeron,

dándolo todo a cambio de muy poco.

Prof. Ulises T. Faúndez

Cientista Político

Profesor de Seguridad Nacional

Tesorero Nomo Civica

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